Expertos piden perspectiva de género en patología dual y destacan que el 80% de mujeres tiene experiencias traumáticas
Los centros de San Juan de Dios en Madrid han celebrado una nueva edición de R-Conecta, un espacio en el que analizar y reflexionar sobre la salud, el cuidado y la integración de las personas en situación de vulnerabilidad. En esta ocasión, el encuentro se ha centrado en la patología dual desde una perspectiva de género, es decir, cuando los problemas de salud mental y adicciones coexisten y el estigma añadido que supone en estos casos el hecho de ser mujer, aún más, si esta es madre.
El encuentro ha contado con la participación de expertos en salud mental y adicciones, así como representantes de asociaciones de pacientes y el testimonio de una paciente de SJD Nuestra Señora de la Paz en Madrid. Mercedes Navío, gerente asistencial de hospitales de la Comunidad de Madrid, ha sido la encargada de clausurar este encuentro al que Josep Pifarré, director general de SJD España, ha dado la bienvenida y en el que ha intervenido también Elena Urdaneta, directora la de la Unidad Territorial III de esta institución.
En la foto de portada vemos a Josep Pifarré, director general San Juan de Dios España, Beatriz Mesías, subdirectora general de Adicciones del Instituto de Adicciones Madrid Salud, Pablo Vega. Sociedad Española de Patología Dual SEPD, Álvaro Pico, director médico Clínica Nuestra Señora de la Paz y Centro San Juan de Dios Ciempozuelos, Yolanda Valero, coordinadora del Área de Atención Familiar FERMAD Plataforma Madrileña de Entidades para la Asistencia a la Persona Adicta y su Familia, Elena Urdaneta, directora Unidad Territorial III San Juan de Dios España, Mercedes Navío, gerente asistencial hospital Comunidad de Madrid y Rocío Rodríguez, Integradora Social en ASEPADUAL.
El primero en intervenir ha sido precisamente el director médico de este centro y de SJD Ciempozuelos, el psiquiatra Álvaro Pico, quien ha explicado cómo «incorporar la perspectiva de género es fundamental en el ámbito de la Salud Mental y de forma específica cuando hablamos de patología dual, porque no se manifiesta ni evoluciona de la misma manera en hombres y mujeres. Las mujeres presentan con mayor frecuencia antecedentes de trauma, violencia de género, abuso sexual o sobrecarga de cuidados, factores que influyen tanto en el desarrollo de los trastornos mentales como de las adicciones».
Además, ha subrayado, «suelen experimentar un mayor estigma social y familiar, lo que dificulta la búsqueda de ayuda y retrasa el acceso al tratamiento. Cuando la paciente es una mujer, debemos valorar aspectos específicos como la maternidad, la salud reproductiva, las relaciones de dependencia o la violencia sufrida». Y es que entre el 50 y el 80% de las mujeres con patología dual presenta antecedentes de abuso sexual infantil, violencia física, violencia de pareja o negligencia emocional.
«Una atención sensible al género permite diagnósticos más precisos y tratamientos más eficaces y humanizados», ha añadido.
El vicepresidente de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD), el doctor Pablo Vega, ha advertido de que, en patología dual, «el 80 por ciento de mujeres tiene experiencias traumáticas» previas, por lo que este y otros expertos han hecho un llamamiento a tener en cuenta la perspectiva de género a la hora de abordar esta casuística.
El origen de la adicción
Entre los temas sobre la mesa, el de las motivaciones que pueden llevar a hombres y mujeres a consumir y el tipo de sustancias predominantes en cada caso.
En este sentido, el doctor Pablo Vega, de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD), ha destacado cómo mientras en la mujer el consumo de benzodiacepinas duplica e incluso triplica al que se observa en el hombre, ellos «han presentado tradicionalmente mayores prevalencias de consumo de alcohol, cannabis, cocaína y otras drogas ilegales». Sin embargo, ha matizado, «estas diferencias se están reduciendo progresivamente, especialmente, entre las generaciones más jóvenes».
Llama la atención también que las mujeres suelen iniciar el consumo más tarde, progresan con mayor rapidez a la dependencia y desarrollan antes complicaciones clínicas tanto físicas como psicológicas y sociales. Es lo que se conoce como «efecto telescópico».
Lo más interesante, en su opinión, responde a lo que hay detrás de estos consumos y es que, «mientras en los hombres están frecuentemente asociados a la búsqueda de sensaciones, a la impulsividad, al placer o la recompensa, en las mujeres suele estar más relacionado con la regulación emocional, la ansiedad, la tristeza, el estrés, el insomnio o las experiencias traumáticas». En resumen, «muchos hombres consumen para sentirse mejor; muchas mujeres consumen para sentirse menos mal«.
Culpa y vergüenza
La adicción y los problemas de salud mental llevan asociados un estigma que, en el caso de la mujer, se agrava, especialmente si ella es madre. A esto se ha referido en su intervención Beatriz Mesías, subdirectora general del Instituto de Adicciones Madrid Salud. «Las mujeres con adicciones sufren una doble estigmatización. Consumir una sustancia y desarrollar una adicción es juzgado como algo más grave que en el caso de los hombres» porque tradicionalmente se ha entendido que deben sacrificarse más y en ellas recaen más responsabilidades, por ejemplo, respecto al cuidado de la familia».

En esta línea, Yolanda Valero, directora de FERMAD Vive Contigo (Plataforma Madrileña de Entidades para la Asistencia a la Persona Adicta y su Familia) explica cómo «socialmente, una mujer con patología provoca rechazo, además de por la enfermedad, por no cumplir los mandatos de género. Mientras que la misma situación en hombres provoca una mayor permisibilidad, en el caso de las mujeres se suele ser más crítico e incluso ‘castigador’. La mujer paga un mayor precio por vivir esta situación, ya que hay una mayor exigencia moral sobre ella».
«Personalmente –añade- la mujer interioriza todas estas exigencias y mandatos, lo que genera la ocultación del problema que, a su vez, provoca que tarde más en iniciar el tratamiento que los hombres«.
Ante esta situación, desde ASEPADUAL, la Asociación Estatal de Patología Dual, Rocío Rodríguez, integradora social, marca otro elemento diferenciador con respecto a cuando son ellos quienes sufren el problema y es que «cuando es la mujer quien enferma y necesita apoyo por una patología dual, su entorno no suele responder con la misma disponibilidad ni comprensión. Muchas mujeres no solo pierden el rol que socialmente se les asigna, sino que además se enfrentan a una mayor exigencia moral: se espera que sigan cuidando, que mantengan la estabilidad familiar y que no ‘fallen’ en su papel, incluso estando enfermas».
Asimismo, alerta, «la maternidad aparece constantemente en el relato de muchas mujeres con patología dual como una responsabilidad que viven con enorme presión, pero también como un motivo de miedo a pedir ayuda por las consecuencias que pueda tener sobre la custodia o el juicio social«.
La adicción en primera persona
El encuentro ha contado también con el testimonio de Natalia que compartió en primera persona su relación con el consumo de alcohol y la depresión a la que le llevó esta dependencia. La adicción a la bebida, explica, «comenzó a los veinte años como empiezan muchos jóvenes, con el consumo ocasional los fines de semana. Poco a poco, el consumo del fin de semana fue siendo cada vez mayor hasta consumir también el resto de días. Esto me llevó a una depresión y a beber cuando estaba bien porque estaba bien y cuando estaba mal porque estaba mal».
El consumo se prolongó durante dos décadas, llegando a ingerir una botella de vodka diaria. Perdió su trabajo y sus relaciones familiares y sociales se deterioraron hasta el punto de casi perder también la custodia de su hijo. Su ingreso en la Clínica Nuestra Señora de la Paz, durante dos meses, y un tratamiento de seis, consiguieron que se recuperara. Desde hace un par de años, ayuda a otras pacientes compartiendo su experiencia. «Ayudarlas me recuerda adónde no quiero volver y me ayuda a evitar situaciones que podrían hacerme recaer. He pasado la mitad de mi vida consumiendo alcohol».
Natalia reconoce que la presión social por beber está muy extendida y cuesta hacer entender a los otros que en una fiesta o celebración se opte por otro tipo de bebidas. Esto hace mucho daño: «con el primer no, debería bastar», subraya.
En este video de Canal Enfermero podemos escuchar unas entrevistas a varios de los ponentes:
La Coordinadora/Secretaría en Asepadua, Marian García ha indicado sobre esta Edición R-Conecta: «Desde el momento en que recibimos la invitación para participar en esta jornada, supe que Asepadual debía hacer un esfuerzo por estar presente. La Patología Dual ya es un tema suficientemente estigmatizante y complicado en su tratamiento y acompañamiento, que cuando se trata de mujeres, la situación se vuelve aún más delicada. Muchas veces, somos nosotras mismas quienes ocultamos nuestra situación, y el primer paso para buscar ayuda es enfrentar el «autoestigma y la culpa» que nos oprime. En ocasiones, la desesperación puede llevarnos a pensamientos autolíticos y al suicidio, antes que a la búsqueda de apoyo y a la aceptación real de nuestra adicción. Es fundamental que se realicen más jornadas de visibilización, ya que la sociedad aún no ha avanzado lo suficiente en ofrecer un acompañamiento real, libre de juicios y estigmas, y los recursos públicos para abordar estas cuestiones son cada vez más escasos. Por ello, agradecemos sinceramente la oportunidad de participar y, a partir de septiembre, esperamos poder estar más activos como entidad en Madrid».



