PERFECTAMENT IMPERFECTA

PERFECTAMENT IMPERFECTA

Perfectament imperfecta: una obra para quienes alguna vez han sentido que no pueden más.


Perfectament imperfecta habla de una mujer que cree tener la vida bastante encarrilada. Rut tiene trabajo, casa, pareja, hijos y una cierta sensación de control. Pero esa seguridad se rompe cuando su hijo de 8 años empieza a sufrir episodios de psicosis y recibe un diagnóstico de TEA. A partir de ahí, todo lo que parecía firme empieza a moverse. La obra, dirigida por Laura Domènech Vila e interpretada por Montse Rodríguez i Clusella, está basada en la novela de Carla Gracia Mercadé.


Lo que más interesa de esta historia no es solo «qué le pasa» al hijo de Rut. Lo importante es qué le pasa a ella cuando la vida deja de comportarse como esperaba. La obra habla de maternidad, salud mental y aceptación de la diferencia. Salut Mental Catalunya la presenta precisamente como una pieza que aborda estos temas «con sensibilidad y honestidad», siguiendo a una mujer cuya vida «perfecta» se agrieta cuando su hijo es diagnosticado con TEA.


Rut no es una heroína perfecta. Y ahí está buena parte de la fuerza de la obra. Es una madre que ama, pero que también se desborda. Una hija que tiene una madre enferma de cáncer terminal. Una mujer que empieza a mirar su matrimonio de otra manera. Una persona que, de pronto, entiende que no puede seguir sosteniendo una versión impecable de sí misma.


La salud mental aparece aquí de una forma muy reconocible, no como una etiqueta, sino como una experiencia que atraviesa la casa entera. Está en el hijo que vive episodios de psicosis y recibe un diagnóstico de TEA. Está en Rut, que tiene que aprender a acompañarlo mientras se enfrenta a su propia culpa, a su miedo y a la sensación de no estar a la altura. Y está también en el entorno, en esa dificultad tan habitual para entender lo que no encaja en la idea de una familia «normal».


La obra parece tocar algo especialmente delicado, el duelo que puede aparecer después de un diagnóstico. No porque el hijo deje de ser quien es, sino porque la madre tiene que despedirse de una expectativa. Carla Gracia, la autora, ha hablado en entrevistas del peso de los diagnósticos, de la neurodivergencia y de un sistema que muchas veces no acompaña lo suficiente. Ese punto es importante: la obra no coloca toda la carga en la familia, sino que deja ver también la soledad que aparece cuando una madre tiene que aprender deprisa, buscar respuestas y sostener emocionalmente a los demás mientras ella misma se rompe por dentro.


También hay algo valiente en mostrar la maternidad sin adornos. Muchas veces se espera que una madre sea paciente, fuerte, disponible y agradecida. Perfectament imperfecta parece apartarse de esa imagen. Rut quiere a su hijo, pero también se cansa. Quiere entenderlo, pero no siempre puede. Quiere hacerlo bien, pero se equivoca. Y esa contradicción no la convierte en mala madre, la convierte en humana.

Una escena de la obra.
Una escena de la obra


La historia también tiene un punto inesperado e interesante, la madre de Rut, muy enferma, pero necesitada de protagonismo, decide casarse con un playboy italiano y la invita a una boda en un glamping de l’Ametlla de Mar. La psicóloga de Rut le anima a ir y le propone hacer una lista de cosas que aprende de su hijo. Esa lista parece un detalle pequeño, pero en realidad abre una puerta. A partir de esa propuesta Rut empieza a mirar distinto. A su hijo, a su madre y a sí misma.


No parece una obra pensada para dar lecciones. Más bien parece una obra para reconocer cosas que muchas veces se callan: que cuidar puede agotar, que una madre también puede sentirse perdida, que el amor no siempre viene limpio y ordenado, y que aceptar la diferencia no es una frase bonita, sino un proceso duro, íntimo y real.


Montse Rodríguez sostiene la obra sola en escena., y con qué fuerza. Eso hace que todo pase por su cuerpo, su voz y su manera de contar. No hay grandes distracciones, está ella, está Rut y está esa vida que se ha roto por varios sitios a la vez.


Como espectador, uno puede imaginar que su trabajo aquí no consiste en «hacer de madre sufridora», sino en algo más difícil: mostrar a una mujer entera, contradictoria, vulnerable, irónica a ratos, cansada muchas veces y, aun así, capaz de seguir avanzando.


Perfectament imperfecta creo es muy interesante porque no habla de una vida extraordinaria, sino de algo más reconocible, el momento en que la vida que habías imaginado deja de servirte. Y entonces toca aprender otra manera de estar, de amar y de mirarse.


La frase que resume bien el espíritu de la obra aparece en la información del folleto del espectáculo: «Aquesta soc jo. I està bé així». «Esta soy yo. Y está bien así». No como consuelo fácil, sino como una forma de dejar de esconderse.

Adjuntamos el programa «Salud en la Barandilla» que hemos dedicado, en RadioDiversidad.com, a esta obra de teatro.

Agustín Morales

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